
He aqui un grupo de alegres guardias de seguridad armados, como los que mostre en un posting anterior. Si bien la portación de armas está reglamentada, no así su exhibición. Quien tiene un arma puede exhibirla sin problemas, como hacen estos guardias.
Pero en general toda la cuestión de la tenencia de armas no está sujeta a la polémica de Occidente, pues tener un arma es parte de la cultura milenaria de estas tierras. En ciertas provincias es culturalmente compulsorio tener un arma (no importa lo que diga la ley) y su deshinibido uso en bodas y otras celebraciones es uno de los rasgos que sorprenden al visitante. También la cantidad de crímenes con armas de fuego, que apenas merecen un párrafo perdido en el periódico (sólo un ínfimo porcentaje llega a publicarse).
Abajo, antiguos paquistaníes portan armas (orgullosos patanes de las zonas tribales adyacentes a Afganistán, soldados de regimientos del Imperio Británico.


La actitud en general hacia la muerte pareciera ser distinta aquí. En Argentina, un atentado segó la vida de 25 personas hace casi dos décadas (Embajada de Israel) y todavía sigue presente en los medios, los relatos de las víctimas, el seguimiento en la justicia, las investigaciones periodísticas, las marchas de protesta. Aquí, atentados similares segan muchas más vidas lamentablemente con creciente frecuencia, y sin embargo no merecen más que unos párrafos, para desaparecer subsiguientemente de los medios. Claro que el presente gobierno fué en su momento militar, y sin duda la censura juega cierto rol, pero no pareciera ser la principal responsable (los medios como informé cuentan con sorprendente libertad, y si quisieran informar con detalles sobre los atentados, podrían hacerlo).
Es hacia la muerte en general que pareciera haber indiferencia. ¿Tal vez sean tantos millones (160 al presente, casi 1000 cuando esto era la India) donde una docena de vidas - más o menos – no significa nada? Pero tampoco pareciera ser eso. Un albañil muere aplastado. Sus compañeros paran de trabajar unos minutos, mientras la policía se lleva su cuerpo sin ningún apuro, para luego proseguir como si nada. Ni un camarógrafo, ni un notero de ”Crónica”. Gracias a Dios, nos ahorramos el morbo porteño (¿será que no descubrieron todavía la maravilla del notero preguntando a la víctima sangrante “¿cómo se siente?”) pero el extremo opuesto de silencio absoluto da cierto escalofrío…
Tal vez sea la estrategia de un pueblo extremadamente sensible en todo otro respecto para negociar lo inasimilable…
O es que la plácida autoestima de los paquistaníes, su humilde aceptación de un lugar secundario en el orden planetario, se extiende a aceptar la muerte propia y ajena como algo natural? ¿Será que morir tarde o temprano es tan parte de la vida como el que una máquina se descomponga? ¿O es que el hábito del reclamo civil en Occidente se extiende a la misma muerte, que la soberbia de querer controlar el planeta (y sino hacerle un juicio a alguien) empuja a Occidente a hacer tanto escándalo cuando alguien muere? Estoy seguro que en los extremos no hay sabiduría..
