Es lo que uno NO encontrará en estos locales, que vislumbrados a lo lejos ilusionan de repente al porteño con imágenes de un cortado, masitas secas…
¡Qué va! Estas casas deberían ser conocidas más bien por su nombre local de “casas de te” (tea houses) porque te con leche es lo que se sirve mayoritariamente. Lo de “café” es un homenaje a distantes ecos europeos…
Abajo se verá algo de lo que sí se puede pedir: pan local (roti) guiso de lentejas (dal) ensalada (chat) de cebolla y yogur aguado (lassi). Es decir, un almuerzo típico del subcontinente indio.
No espere cubiertos, la mano sirve igual (ver foto)
Las mujeres suelen brillar por su ausencia en estos lugares pero si alguna entrara (seguramente en compañía de sus familiares varones) cuenta con un cubículo separado del resto por una cortina (ver fotos abajo) Cuando no hay mujeres bien pueden usarlo los varones…
No se sorprenda el argentino si otro parroquiano se sienta en su misma mesa y empieza a comer!
Las mesas del café son compartidas. El individualismo occidental todavia no penetra el espíritu de la umma (comunidad) musulmana y en las aldeas el local de comidas es además lugar de encuentro para primos, tios, abuelos..
Compartiendo las mesas, además de otros parroquianos, hay muchas moscas
(ver última foto) Las contradicciones humanas son increíbles pues el musulmán, tan cuidadoso de la higiene (con sus abluciones periódicas y su prolijidad capilar) parece fatalista ante las moscas como si el trapo húmedo contrariara algún precepto divino..
La jarra metálica de agua de la canilla es cortesía de la casa y la única bebida consumida generalmente para economizar (¿es necesario aclarar de nuevo que en Paquistán no se vende alcohol en público?) El beberla o no queda a criterio higiénico del extranjero, quien puede pedir agua mineral o gaseosas.
O comprarlas en la calle y consumirlas en el local. Tal vez el rasgo más sorprendente para un porteño es que un peatón puede entrar de la calle con su propia comida y ponerse a comer (u ocupar una mesa sin pedir nada)!
En vano he esperado ver aparecer a algún airado mozo o un dueño mala onda. Nadie le presta atención al parroquiano con su comida como si las mesas estuvieran en un parque…
O el materialismo corrompe el cerebro porteño o el concepto de umma supera lo imaginado..
El lector esta advertido, si quiere un café, búsquelo en Corrientes y Salguero..







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