Dos imágenes de ayer al mediodía en el centro de Islamabad.
En muchos países de Oriente se descuenta que las horas de calor no son para trabajar. No es que exista la institución de la siesta en sí, sencillamente nadie sale de casa porque es imposible y los comerciantes lo saben. La gran actividad comienza después de las 17 hs y se extiende hasta bien entrada la noche..
La modernidad impone otros horarios sin embargo..
Impone otras cosas también. Los cuentapropistas nunca han sido una mancha negra en la economía oriental, que desde milenios funcionó a base de ellos en atestados bazares..
Pero el vendedor ambulante que ofrecía sus baratijas al príncipe estaba separado por un abismo menor creo yo que el que separa a nuestro vendedor de globos de un ejecutivo en su Subaru…
El vendedor de bazar y el Príncipe cumplían tareas distintas dentro de un mismo orden. El cuentapropista y el ejecutivo ambos son vendedores dentro de órdenes inconexos. Uno se mueve en la calle, el otro en un mundo globalizado cuya capital es Nueva York u Oslo. Uno tiene un sitio en una esquina, el otro en e-Bay…
Ni él, ni el empleado de supermercadito resistieron los casi 40 grados de calor…


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