


Un pir es el descendiente de un santo, considerado él mismo un santo.
En Paquistán viven al presente numerosos pir, que tienen millones de fieles y reciben el tratamiento de “su santidad”.
El Islam otrodoxo no estimula en absoluto la devoción a hombres santos. En el Corán mismo el máximo Profeta, Mahoma, aparece como un hombre mortal a quien no se debe adorar, habiendo prohibido expresamente tal cosa a sus seguidores. Solo Alá (Dios) es digno de adoración.
No obstante, desde el inicio de la religión en el siglo siete hubo quienes se dedicaron a alcanzar un grado de devoción especial, siendo identificados (generalmente luego de su muerte, pero también en vida) como “santos” por el resto de la población.
Muchas veces, como ocurrió en la cristiandad católica, estos hombres piadosos vivían separados de la sociedad para dedicarse a una vida ascética en lugares despoblados: a la oración, al ayuno, a la recordación del nombre de Alá (dhikr). Como resultado de esa separación de la contaminación reinante, adquirían según el folclore popular poderes sobrenaturales, atribuyéndoseles cuantiosos milagros (recogidos también por la erudicción teológica).
Esta descripción de pir se aplica en particular a los ascetas sufíes, místicos dentro del Islam que buscaron unirse íntimamente con Dios, deseando trascender las meras formulas religiosas, como las que expresan en sus cinco pilares básicos (la repetición del credo, las 5 oraciones diarias, el peregrinaje a la Meca, el ayuno, la limosna).
Al morir, el pueblo consideraba que la santidad de esos hombres seguía emanando de sus mismas tumbas, que se convirtieron así en lugares de peregrinación. Hasta el día de hoy se reportan ocurren en ellos milagros y reciben la visita de millones de peregrinos - piénsese en Luján o Lourdes..
A diferencia de lo ocurrido en el catolicismo (donde muchas veces los santos eran célibes) la mayoría de estos hombres santos estaban casados.
El arreglo cultural según el cual la mujer ocupaba un lugar bastante subordinado en el universo masculino musulmán garantizaba aparentemente que el matrimonio no obstaculizaría la devoción total a Alá (en el Islam además nunca existió un monasticismo célibe)
El resultado es que, en esta sociedad donde la sangre cumple un rol tan vital, los hijos de estos hombres santos se considera heredan la cualidad de sus padres. Así, los descendientes de un pir serán también pir.
Hoy en día existen numerosos pir en Paquistán. Desde el punto de vista espiritual, son maestros de una “vía” o método religioso heredado de sus padres, contando por ello con discípulos de todo el mundo. En un santuario religioso en Paquistán uno puede ver la tumba del santo…o un santo ”en vivo”!
Desde el punto de vista social, ocupan un lugar prominente en el gobierno de la localidad donde viven (donde se halla el santuario) siendo el equivalente de un caudillo local.
Desde el punto de vista de la religiosidad popular, todo paquistaní puede adoptar un pir personal, a quien procurará visitar regularmente en búsqueda de bendición sobrenatural o consejo práctico, asistiendo a los majlis o audiencias públicas que brinda regularmente.
Desde el punto de vista económico, el pir suele ser el administrador de un mini-imperio económico, fruto de la actividad del santuario familiar (imagínese que ocurriría si una familia administrara Luján o Lourdes privadamamente). El pir puede dispensar su fortuna en el mantenimiento y engrandecimiento del santuario familiar, o financiando obras de beneficencia o desarrollo social, tales como escuelas e incluso universidades!
Desde el punto de vista personal, un pir es un ciudadano paquistaní sujeto a la ley que vive una vida familiar normal, casado y con hijos, muchas veces incluso estudiando en universidades del exterior y ejerciendo una profesión (combinada con sus funciones religiosas como pir).
En estas fotos, se ve un pir vecino de Islamabad, recibiendo en el santuario (Golra Shariff, mostrado en esta entrada) a sus fieles en audiencia. Éstos le besan la mano, ocasionalmente los pies, mientras le solicitan una bendición, que él confiere elevando las manos (a las mujeres tocándolas con un bastón o cetro) o mientras le presentan casos difíciles para que ore por ellos. En esos casos el pir solicita al peticionante que eleve sus manos en oración, gesto imitado a su vez por él mientras lo acompaña unos minutos, antes de pasar al próximo. En muchos sentidos la cola que espera de pié para tener su audiencia con el pir recuerda a la de los fieles católicos cuando el papa está de visita.
Muchos estudiantes universitarios acuden a su pir cuando se acercan los exámenes..
En España PIR significa Psicólogo Interno Residente. Es casi imposible resistirse a la tentación de realizar el paralelo, porque he escuchado varios comentarios de que las visitas al pir cumplen en la sociedad tradicional paquistaní el rol de desahogo, búsqueda de orientación vital (reflexión crítica sobre su accionar?) que en Occidente cumple hoy en ocasiones el psicólogo, y en el pasado supuestamente cumplía el ministro religioso, el confesor..
El pir tambien puede ser llamado sheik en Paquistán, ambas palabras significan “anciano” (la primera en persa, la segunda en árabe)
Abajo, un poster del pir, quien también cuenta con tarjeta de visita y un sitio web