

¿Que pasaría si en Argentina saliera una ley que decretara: “todo ciudadano contará con un mínimo de quince (15) primos con los que jugar, doce (12) tíos que lo saquen a pasear, cuatro (4) abuelos que lo cuiden, y un mínimo de veinticinco (25) a ciento cuarenta (140) parientes con los que caminar por la vida tomados de la mano“?
Una de las preocupaciones en Occidente ha llegado a ser el grado de despersonalización, las neurosis generadas por las grandes urbes donde impera la carrera de ratas. Millones se mudan del interior a las ciudades, perdiendo sus raíces familiares y culturales. Los psicólogos alertan sobre el incremento de las disfunciones afectivas, o el bajo CE (coeficiente emocional) que ya es pandemia, ejemplificado por esos individuos desarraigados, alienados, que salen a matar con sus ametralladoras a ex-colegas de trabajo, o simplemente hablan solos en las paradas de colectivo. Recuerdo en Bs.As. una campaña de Ibarra o Telerman, “que nadie pase Navidad solo”, creo que intentando reclutar voluntarios para los “depósitos de abuelos” de la gran ciudad..
Venir a Paquistán resulta una grata vuelta al pasado, a la niñez donde los afectos se expresaban inocentemente y andábamos de la mano con nuestros compañeritos del jardín. Dicha práctica, que en Argentina se abandona en esa institución
¡aquí sigue vigente de por vida!
Prueba de ello son las fotos..
El azorado visitante con el tiempo va cayendo en la cuenta que lo que le explican es cierto, que los adultos del mismo sexo que pasean de la mano son sólo un ejemplo más de una inocente demostración de afectos (la misma del jardín de infantes) aceptada socialmente entre la población adulta..
(irónicamente, ellos se escandalizan de nuestros besos entre varones, en el típico saludo porteño, porque esa demostración en particular de afecto público aquí no es bien vista..)
Esta expresión pública de cariño fraterno no es algo aislado, se basa en toda una infraestructura cultural, el sistema de familia extensa (joint family como se la llama aquí usando ese término inglés – en la lengua local se dice claro simplemente jandán: “familia”) en el cual el varón paquistaní sigue viviendo con sus padres aún luego de casado, todos los hermanos varones anexando ambientes para sus esposas e hijos (sus hijos perpetuarán la práctica de generación en generación en el mismo hogar paterno)
El sistema porteño en el cual cada hermano compra una casa por separado, coloca a sus padres ancianos en un geriátrico, y paga a una niñera para que críe a sus hijos (mientras ambos cónyugues trabajan fuera de casa para intentar pagar todo lo anterior) al paquistaní le parece una locura
Acá los abuelos se mantienen ocupados sin deprimirse en geriátricos, la convivencia entre cuñadas elimina la necesidad de niñeras, la presencia de múltiples primos garantiza abundancia de socialización infantil, el ahorro en vivienda hace que uno de los dos cónyugues no necesite trabajar (si, en Paquistán la gran mayoría de mujeres es aún “ama de casa”) los abuelos en casa permiten que las madres salgan fuera de casa por horas sin culpa, y finalmente que todo paquistaní que uno conoce sea “tío”, “primo”, “cuñado”, “padre”, “hijo”, “abuelo”, “yerno” dentro de una gran familia, no faltándole a nadie alguien con quien caminar tomado afectuosamente de la mano, de la cuna a la tumba…
¿Podría algún decreto garantizar un sistema de contención social y afectivo así para los 40 millones de Argentina?

