El país y el autor de este blog está conmocionado por la muerte de la ex-primer ministro y actual candidata electoral Benazir Bhutto en la vecina ciudad de Rawalpindi. Como el asesinato de J.F.Kennedy, el crimen ha paralizado al país, sumido al presente en violentas protestas que (aunadas a los tres días de duelo oficial) garantizan la virtual interrupción de las actividades en muchos puntos claves.
Las protestas intentan ventilar la frustración ante estos crímenes que han llegado al colmo. Según la opinión que se repite en la calle, “antes del actual presidente (ex-general Musharraf) en Paquistán ignorábamos la palabra ‘atentado suicida’”. En consecuencia, muchas de las protestas están dirigidas a dicho mandatario y sus políticas de alianza con los EEUU en su “guerra contra el terror”. Según estos análisis (compartidos por la ex-primer ministro en numerosas declaraciones públicas) la escalada militar contra el terrorismo no hace sino estimularlo.
El destino de Benazir resalta el costado violento de la práctica política en Paquistán. Su padre, el primer ministro Ali Bhutto, fue depuesto por los militares y ejecutado a fines de los 70′. Un hermano Murtazá fue muerto en circunstancias extrañas por la policía (mientras militaba en la oposición al gobierno de su hermana en los 90′) y su hermano mayor Shajanwaz fue hallado muerto en un hotel de París también en circunstancias extrañas en los 80′. El asesinato de Benazir ha tenido amplísima repercusión en los medios mundiales, quienes casi infaltablemente han alabado el coraje - cualquiera hayan sido sus otras cualidades - de esta tenaz mujer, educada en Oxford y Harvard.
La ex-primer ministro (quien fungió en esa función durante dos períodos, 1988-90 y 1993-96, ambas veces siendo depuesta bajo cargos de corrupción) se apoyaba en los principios de Jinna, el Padre de la Patria (ver post anterior) en su visión de transformar a Paquistán en una nación integrada a la modernidad globalizada.
En la foto de abajo se ven sus tres hijos aún adolescentes (dos mujeres y un varón) descalzos y orando ante el féretro cubierto de pétalos de su madre, en la típica escena que acompaña los entierros musulmanes. Los rumores señalan a su hijo Dilawal (foto con su padre) como posible heredero de la dinastía, en este país donde los lazos sanguíneos despiertan apasionadas lealtades, un rasgo heredado tal vez de los milenarios sistemas sociales que lo signaron. Benazir Bhutto fue enterrada en el mausoleo familiar (foto) localizado en el feudo ancestral de los Bhutto en el sur de Paquistán (Sindh) que hace las veces de santuario de peregrinación para centenares de miles, en la tradición de los santones sufíes.











