
Este es un taxi típico de Islamabad.
El noventa por ciento de los taxis usa este modelo de coche (más sobe el mismo en otra entrada).
De un tiempo para acá una ordenanza mandó pintarlos de amarillo y negro, pero los anteriores pueden ser de otros colores, generalmente amarillo, como se ve en las fotos de abajo. Hay algunos de color blanco.
La tarifa minima es unas 40 rupias (1,70 pesos argentinos) pero los precios se regatean, no existe el parquímetro.
En Islamabad prácticamente todos los taxistas hablan algo de inglés (los numeros por ejemplo). Sino, hablan urdu - lo cual puede complicar el regateo o el dar indicaciones.
Los viajes más largos en Islamabad cuestan entre 60 y 90 rupias (2,60 y 4 pesos respectivamente).
Lo bueno de regatear es que, una vez fijado el precio (antes de subirse al taxi uno puede amenazar con buscarse otro) éste no variará hasta su destino, por más que el taxi deba demorarse por el el tráfico, o se pierda porque desconoce la dirección, como me pasó varias veces a mi (lo cual no es raro dado el peculiar sistema de numeración de calles)
Nuevamente se halla aquí esa bondad como del pan hacia el extranjero, pues el taxista, sonrojándose, no quiso cobrarme por nada del mundo cuando ofrecí compensarle los veinte minutos que perdió buscando mi dirección, complicados por el trafico.
Así como en Argentina los taxistas muchas veces llevan estampitas o rosarios, aquí llevan colgantes con versos del Corán (ver recuadro en la foto de arriba, cliquear para agrandar)
Como en Argentina, hay que tener cuidado a qué taxi se sube, pues no han faltado los episodios delictivos.
No con la frecuencia porteña. El mismo entramado familiar de la sociedad es inhibidor de la criminalidad, pues es casi imposible sustraerse a él. La deshonra de ser atrapado recae en todo el clan familiar por generaciones. Tios, primos, abuelos son una barrera moral casi infranqueable, y en las aldeas rurales el índice de criminalidad es casi cero.
En las ciudades relativamente pequeñas como Islamabad, Rawalpindi, es prácticamente imposible “desaparecer” para la policía de la familia extensa de primos, sobrinos etc. facilitando la localización.
¡No es tan fácil ser criminal en Paquistán!
Pero han existido episodios criminales. En el creciente medio urbano, por el mismo desarraigo que produce la inmigración del medio rural a la ciudad que rompe el esquema familiar tradicional, la tendencia es hacia el aumento alaramente de la criminalidad, especialmente en Karachi (14 millones de habitantes).
Para una mujer extranjera sola en Islamabad o Rawalpindi, quizás lo más conveniente sea tener un taxista de confianza al que llamar cada vez. Cobrará un extra, pero es lo más seguro.
Como en nuestra patria, el taxista suele ser una especie trabajadora y honesta en general. Luego de un tiempo el extranjero logrará reconocer con más facilidad al taxista honrado, religioso (chequear los amuletos colgando del espejo u otras indicaciones de que el taxi esta “vivido”, la licencia correctamente impresa en la puerta, etc.). Con sólo regatear uno ya puede observar los hábitos normales del chofer (dentro de la falibilidad humana!)
Además, los taxis suelen parar en los mismos puntos de la ciudad, siendo conocidos de colegas y vecinos del barrio..
En general, es difícil encontrar aquí la planificación minuciosa del crimen de ciertos personajes delictivos porteños, comparativamente pareceria que la astucia local es mucho más inocente!
¿Será así?
Ocasionalmente un extraño puede ocupar el asiento delantero del taxi junto al pasajero: un pariente del taxista, un amigo, un policía pidiendo un favor, o un segundo cliente que va para el mismo lado. Generalmente el taxista preguntará si uno está de acuerdo en subir al acompañante..
Abajo, imágenes de taxis

